🕵️ Los casos de Julian 2

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Respeta los derechos de autor. Esta ilustración tiene copyright © Jose Fonollosa.

Crónicas de Seda y Plomo 
2: El arsénico en el Earl Grey

Fecha: 22 de noviembre de 2020

Lugar: Mansión Kent, Kent (Inglaterra)

Relatado por: Baptiste Vidal

Hoy he visto a un tipo en la calle rascándose la mano con una desesperación que me ha hecho recordar inmediatamente a lo que pasó en la mansión de los Kent hace unos años.

Fue uno de esos casos en los que Julian y yo tuvimos que encajar las piezas de un puzle bastante feo mientras fuera caía una tormenta impresionante.

El Barón Kent había muerto en su sillón favorito.

Julian estaba allí de pie, impecable como siempre, observando la bandeja del té con esos ojos suyos que parece que te están haciendo un escáner. Entropía ya andaba husmeando por la mesa de madera.

—Baptiste —me susurró Julian—, esto huele a almendras amargas. Es cianuro. Pero mira el azucarero de plata: está hasta arriba. Alguien ha querido que miremos en la dirección equivocada.

Te cuento quiénes estaban en la sala, para que veas el panorama que teníamos:

1. Eleanor (La Viuda): No se quitó los guantes de seda en ningún momento, ni siquiera para secarse las lágrimas.
2. Marcus (El Hijo): Estaba pálido y no paraba de rascarse la palma de la mano derecha. Parecía que le iba la vida en ello.
3. Sienna (La Influencer): Jugueteaba con un anillo de esos que tienen un hueco secreto. Decía que era un recuerdo familiar.
4. El Dr. Aris (El Médico): No soltaba su maletín y miraba el reloj como si tuviera prisa por irse a otro sitio.
5. Hugo (El Hermano): Solo bebía de su propia petaca de whisky. No se fiaba ni de su sombra.
6. Clara (La Secretaria): Tenía una mancha oscura en el puño de su blusa blanca y le temblaban las manos al sujetar su libreta.
7. Padre John (El Confesor): Tenía las manos cruzadas, pero no le quitaba ojo al testamento que estaba sobre el escritorio del Barón.

Julian dio un paso adelante y soltó lo primero que descuadró a todo el mundo:

—El Barón era diabético. Todos aquí lo sabíais. Poner veneno en el azucarero es una maniobra de distracción muy burda. Es para que pensemos que el asesino no conocía los problemas de salud del muerto.

Julian señaló un pequeño sobre de edulcorante vacío que estaba tirado en la alfombra.
Ahí es donde yo creí tener la solución. Me acerqué a Julian y le dije:

—Julian, fue Clara la que sirvió el té, tiene una mancha en el puño.

Julian me miró y asintió, pero con un gesto extraño.

—Exacto —dijo él— pero, fíjate en Marcus. Se está rascando desde que llegamos. Si te cae un poco de cianuro de potasio en la piel, cuando tienes la mano sudada por los nervios, pica como un demonio.

Y luego añadió, dirigiéndose al grupo:

—Trabajaron juntos. Marcus robó el veneno del maletín del doctor, pero al manipularlo su piel tuvo contacto con el cianuro de potasio -por eso no deja de rascarse-. Clara vació el sobre en la taza -con los nervios, se manchó el puño de la blusa-.

Se quedaron mudos. Marcus dejó de rascarse y Clara simplemente bajó la cabeza. No hubo respuestas ni quejas, solo ese silencio pesado de cuando te pillan con el carrito de los helados.

¿Ves por qué me he acordado hoy al ver a ese tipo rascándose? Al final, por muy listo que te creas, siempre hay un detalle que te acaba delatando.
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